jueves, 10 de febrero de 2011

THE KING IS DEAD


Hace ya diez años que The Decemberists autoeditaron su primer ep “5 songs”. A lo largo de este periodo de tiempo han cosechado todo tipo de elogios y reconocimientos en el mundo del indie-pop alternativo. “The King is dead” (Capitol, 2011), es su sexto disco y también significa un regreso a su lado más luminoso y radiante. Tras el olvidable y plomizo “The Hazars of Love” (Capitol, 2009), se antojaba una crisis creativa que se ha solventado de un plumazo con este nuevo trabajo. Los de Portland salen por la puerta grande y regresan a sus mejores tiempos creativos, aquellos que encontraron la década pasada, sobretodo con aquella cima llamada “Picaresque” (Kill Rock Stars, 2005). En esta nueva y contundente colección de diez temas, no sólo nos encontramos con auténticas joyas de pop “jovial” que rozan la perfección, también con medios tiempos aflorados que cubren con su manto estos días de frío, gracias a una calidez reconfortante y digna de periodos más agradables -meteorológicamente hablando-.
La banda de Colin Meloy siempre ha sabido moverse con tremenda facilidad entre ese pop sencillo pero contundente, y un folk que a veces es canalla y otras amable. El propio Colin muestra un cambio significativo a la hora de construir las historias que cuenta a través de sus textos, normalmente magníficos y llenos de personajes novelescos, que aquí pasan a un segundo plano, imponiéndose en esta ocasión la primera persona. Desde el primer corte “Don´t carry it all”, hay una declaración de fuerza más que perceptible y además una razón de peso: Peter Buck. El guitarrista de R.E.M. surge como un resorte, también patrón que ya no es necesario ocultar. Las similitudes con la banda de Athens siempre han estado presentes, pero en este álbum hay temas que perfectamente encajarían en el catálogo de su excelsa carrera. Sin ir más lejos el segundo corte “Calamity Song”, con esa inconfundible Rickenbaker de doce cuerdas y coros de Gilliam Welch, se hace más que evidente. Irresistible. La naturista y descriptiva “Rise to Me”, bien podía tratarse de un cameo del mismísimo genio de Toronto, Neil Young.  Sin abandonar esas altas montañas que respiraban frescor y melancolía por partes iguales, de repente nos encontramos con el duro trabajo en la mina, canciones con aires marinos para ser coreadas por hombres anónimos y robustos de épocas lejanas y pioneras, “Rox in the Box”. Para recordarnos que estamos en un tránsito estacional, “January Hymn” aparece como escape hacia el mar y a la vez se convierte en un lamento de los días en que se escapó el amor. De esta manera tan bucólica, finaliza la primera parte, en vinilo la cara A.
    Ha quedado claro que hay dos partes muy diferenciadas en este disco. La cara B se inicia con el primer sencillo extraído y que rezuma aires de clásico por los cuatro costados. “Down by the water” es lo que fue “The One I love” para R.E.M., el espaldarazo definitivo para entrar en la liga de los grandes -gracias a este tema han conseguido el número uno en las listas de ventas norteamericanas-. “Temazo” de coros memorables y una base melódica que Peter Buck eleva hasta fundirse con la voz de Colin Meloy. “All Rise!” desprende un delicioso country-rock que llena de polvo las botas del personal e incita a bailar sin cesar. Acabado el invierno, “June Hymn” abre paso a un sol que arde y se posiciona en todo lo alto. Enlace perfecto para cerrar los ojos y alcanzar la perfección pop en “This is Why We fight”, canción que no hubiese desmerecido entre los momentos más brillantes de la carrera de The Smiths. Pieza de matices infinitos, melodía cristalina y cumbre ya en la carrera de The Decemberists. Una delicia al alcance de muy pocas bandas. Ahora que la luz brilla con fuerza va tocando la hora de la despedida. “Dear Avery”, se convierte en un crepúsculo idílico arropado por una “pedal steel” cargada de melancolía, y acompañado de unos coros aterciopelados a cargo de  Laura Veirs, que dejan el listón muy alto. A penas finalizada la última nota, la aguja enfila su camino implacable hacia el final del vinilo. Una sensación de haber vivido algo irrepetible recorre nuestro interior. 
   The Decemberists han logrado su obra maestra sin apenas despeinarse. Su “Out of Time” particular. Un triunfo apabullante y elegante que ciega con su radiante luz y color amarillo. El mismo de su portada y que nos recuerda que el rey de los astros ilumina el camino al resto de los mortales.

Javier Mateos




Publicado en el blog de NEO 2 ayer 09/02: http://www.neo2.es/blog/2011/02/the-decemberists/

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