martes, 1 de febrero de 2011

Salvaje de Corazón.


Ha comenzado el año. Obviamente la tromba de novedades, más lenta que en primavera, empieza a fluir de manera generosa. Desde las islas, en su quimera por recuperar el “podio pop” global, anunciado a bombo y platillo, nos llega su primer gran nombre: Anna Calvi. Esta joven londinense, descubierta por ese productor y gurú eterno que es Brian Eno, está acaparando todo tipo de titulares, críticas y alabanzas en su tierra. Mujer de rostro impactante, minúsculo cuerpo pero de voz profunda y poderosa, juega al escondite desde la sensualidad más descarada. Producido por Rob Ellis, convertido en inseparable sombra de PJ Harvey a lo largo de toda su carrera, le pone los “cuernos”, eso sí, sin abandonarla – produce su nuevo álbum “Let England Shake”-, con esta nueva promesa que a pesar de tener similares patrones a la de su huesuda compatriota, está plagada de matices distantes y diferentes. Ambas con la eterna sombra de Patti Smith, su inspiradora común, acechando siempre una retaguardia, que inevitablemente nunca se evapora. Más allá de centrarnos en comparaciones tan evidentes como innecesarias, hemos de focalizar nuestra atención en la excelente puesta en escena de Anna Calvi y de su embriagadora ópera prima de título homónimo, editada por Domino.
Sin duda el poder de su inspirador aplasta al resto de nombres involucrados en el proyecto, su mentor está omnipresente en todo el disco. Eno como si de un gas todopoderoso de la atmósfera se tratase, parece estar soplando su ira y su siniestra calma desde las alturas. Un oscuro y cegador documento de extraña y misteriosa fuerza, cargado de pasión sin límites y confesiones entre tinieblas, en muchas ocasiones sacadas de entre el polvo de “westerns” surrealistas, en otras de novelas sucias y perversas en moteles propensos a la descripción más rockera. Anna Calvi es un torbellino imparable. Un comienzo en la penumbra, insinuando sus credenciales en “Rider to the Sea”. A falta de palabras en el primero, éstas surgen como una prolongación en el segundo “No more Words”. Todo muy cinematográfico. Desarrollo lento y contenido para que explote con toda la rabia en uno de los grandes temas del año y de muchos: “Desire”, coros y atmósferas de Eno incluidos. Una “burrada” para las emociones. Arde como el fuego del deseo incontrolable.
Encendida la llama ahora sólo resta permanecer subyugados ante el encanto del incendio. “Suzanne and I” mantiene viva la intensidad y la belleza de sus tonos intensos. A estas alturas del álbum, uno ha de pellizcarse para darse cuenta de que todo esto es cierto. “First we kiss” vuelve a avivar el calor, las llamas se elevan y crecen hasta transformarse en besos prohibidos. El infierno ya está aquí, “The Devil”, es una elegante danza del mal que embriaga y hace invocar el espíritu de Jeff Buckley. Tras este “maligno” compás de espera, la huida está servida, ahora parece querer dejar atrás un rojo-anaranjado y asesino que avanza rápido, “Blackout”. Vestida con ropa de hombre acelera su descapotable y con embrujo gitano se esfuma entre la humareda, “I´ll be your man”. Ahora sólo queda esperar que los primeros rayos de luz apaguen toda la destrucción creada entre las sombras de la noche. “Love won´t be leaving” nos indica que esto ha sido el primer capítulo de esta recién estrenada saga, a veces paranormal y otras tan real, como el dolor salvaje que produce sobre la piel el fuego.
To be continued.

Javier Mateos.

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